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“…Mi instituto estaba en un mal barrio y era donde iban los estudiantes con problemas de disciplina, es decir, la última oportunidad antes del reformatorio. Un día llegó una chica con un corte de pelo punk totalmente alucinante: un lado teñido de blanco y el otro de negro. Nadie hablaba de otra cosa. El director le echó la vista encima y le pidió que se pusiera el pelo de un color «normal» si no quería que la expulsaran. Ella no obedeció y se acabó lo que se daba. Nunca volvimos a saber de ella. A mí toda la historia me pareció un poco excesiva, así que, en señal de solidaridad, aparecí un par de días después con el pelo teñido exactamente igual. Quería saber si el director sería capaz de echar a uno de sus mejores alumnos por teñirse el pelo o si sólo echaba a la gente que no le caía bien.

El director no hizo nada más que mirarme indignado. Pero algunas cosas sí cambiaron. Aunque en aquel momento los punks eran una minoría aborrecida -recibían palizas continuas por su manera de vestir-, también estaba claro que gustaban muchísimo. El hecho de que les persiguieran contribuía a su leyenda.

Y de repente, con mi nuevo corte de pelo, entré en un circuito social al que jamás habría tenido acceso. Me hice amigo de personas que jamás me habían dirigido la palabra, descubrí mucha música buena, me empezaron invitar a fiestas fantásticas y. sobre todo, logré ligarme a chicas que antes estaban completamente fuera de mi alcance.

También noté que la gente empezaba a tratarme de una manera distinta, sobre todo los desconocidos en los lugares públicos. Las señoras mayores me miraban mal por la calle, los pendencieros me gritaban burradas al pasar en coche, los vigilantes de seguridad me seguían sin ningún disimulo por todo el supermercado y los testigos de Jehová se empeñaban en darme un ejemplar de su revista. Es decir, la gente tenía reacciones exageradas.

Ya mí me daba la sensación de estar haciendo algo verdaderamente radical, de estar poniendo a prueba a la gente, abriéndoles la mente, sacando a las masas de su letargo conformista.

Yo era sólo el filo de la navaja, el comienzo de una gran revolución, la señal más obvia del inminente derrumbe de la civilización occidental.

…«Te entiendo muy bien. Cuando yo tenía tu edad me pasaba exactamente lo mismo…”

Y me hizo plantearme algunas preguntas incómodas. Al fin y al cabo, ¿cuántas veces podemos sacar a la gente de su letargo conformista sin plantearnos la posibilidad de que quizá no estén sumidos en ningún letargo conformista?

Pero si todos pensamos que los demás son unos inconscientes, quizá no sea por estar aletargados, sino bien despiertos. Puede que llamemos inconscientes a los demás para ocultar el hecho de que cada uno piensa una cosa distinta…”

 

Rebelarse Vende, el negocio de la contracultura. JOSEPH HEATH y ANDREW POTTER

El libro  se puede bajar en este link: https://fiusss.wordpress.com/2014/12/17/extra-nuestro-regalo-de-navidad-el-libro-rebelarse-vende-el-negocio-de-la-contracultura/

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“Soy la navaja anunciadora de la caída de Mundo como lo conocemos“. Cuestionemenos: ¿Que es lo que pretendemos con cambiar nuestra forma de vestir, de hablar o de comportarnos? La respuesta es reivindicarnos como individuos, y con clara intención de que los demás individuos puedan apreciar esta diferencia… Es a partir del momento en que se decide constituirse en el contraste, cuando se impone también cuestionarse grado y características que guardará esta discrepancia.

Algunos individuos optarán por establecer que el desacuerdo sea establecido exclusivamente sobre el exterior, cuestión que es absolutamente válida si con ello; se establece diferenciación entre una y otra persona con base en el resaltamiento de la identidad. Para otros, la cuestión de la individualidad rebasa la simple cuestión de diferenciación entre sujetos, para verse tanto reforzada proveyéndola de un objetivo social que una vez conseguido; validará en un solo momento, dos elementos que aparentemente pueden resultar incompatibles; por un lado satisfará nuestra inclinación a diferenciarnos entre los demás individuos, así como que justificará desde un punto de vista moral, una actitud que podría ser tenida como expresión de egoísmo, sino fuera porque un real y efectivo egoísmo, no se ocupa ni se preocupa por sus congéneres. Bajo la excusa del individualismo, se encuentra la intención de transformar al planeta, el sistema solar o el propio universo…

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Pero si pretendemos transformar desde sus cimientos al mismo Universo, apreciaremos que nuestra voluntad individual se ha impuesto un objetivo de desmesuradas proporciones con relación con su más bien humilde potencial. El cumplimiento del objetivo social que nos hemos autoimpuesto como manera de justificar moralmente nuestro individualismo, requiere de que abandonemos la comodidad y seguridad que nos otorga nuestro íntimo y reducido círculo de confianza integrado por un solo individuo -Yo-, y que nos veamos precisados a hacer extensiva nuestra voluntad de transformación social, en persona de aquellos individuos que comulguen con esta misma inquietud.

El entusiasmo transformador encaminado a reemplazar nuestra realidad por otra, además de una reunión de individuos que compartan el mismo objetivo, requiere de un método concreto y coherente que posibilite efectivamente la materialización del objetivo que nos hemos planteado. Por concreción nos referimos a aquellos pasos que deben de ser dados, sin que estos se encuentren condicionados en su efectividad a factores externos como lo puede ser la voluntad ajena. Se tratan de pasos cuyos efectos resultan previsibles, al habérseles despojado del azar que involucra ser dejados a la deriva en un mar de diversas voluntades. La coherencia de un método se encuentra relacionada con el principio de la causa y el efecto, en donde una determinada motivación se traducirá en una específica –y no otra- consecuencia. Un método coherentemente concreto, definitivamente tiene muchas más posibilidades de lograr el objetivo sobre el que es aplicado, que aquel método –irónicamente llamado de este modo- subjetivo e inconexo en su sistema.

Podemos confiar en que la “energía positiva” que gravita sobre los individuos, les conducirá a tomar decisiones correctas. Bueno sería así, si y solo si, esta “energía positiva” fuese consciente tanto de ser “positiva” como de entender lo que se espera de ella… ¿Cómo deberíamos llamar a aquellas las personas que confían en que las “energías” se encuentran provistas de voluntad, y que esta es tendiente a beneficiar a los seres humanos? ¿Podemos apreciar que hemos conferido atributos humanos –consciencia y voluntad- al planteamiento de la “energía positiva”, y que simplemente la hemos antropoformisado para dar satisfacción a nuestras expectativas? En Mundo es mucho más complicado que pretender que el polo negativo de una batería debe de ser satánicamente maligno, y que debemos de inclinarnos por la angélica influencia de su polo positivo…

En nuestro afán por transformar la realidad objetiva en que vivimos, podemos intentar –si viviésemos en las décadas de los 60´s y 70´s del Siglo XX-la vía de LA PAZ Y EL AMOR. Pretender que los seres humanos elegirán de manera natural lo que es mejor para ellos –y por supuesto que lo  mejor, ya ha sido señalado por los gurúes-, mediante la recitación de mantras y/o pregonando la libertad sexual a través del amor libre… El fallo de esta “estrategia” de transformación del Mundo, radica en su absoluta dependencia a que los seres humanos elegirán la vía más apropiada para sus intereses, en el incorrecto planteamiento de que los humanos compartirían identidad de intereses otorgando los mismos grados a cada uno de ellos… ¿Los mantras o la liberación sexual, son prioridades para aquellos quienes tiene a cuestas la responsabilidad de cuidar y procurar el sustento de una familia?

El axioma “PAZ Y AMOR” hippie, posee el gran inconveniente de que se encuentra condicionado a los grados de Paz y de Amor que desee cada sujeto en lo individual, así  como con respecto de que sujetos se alberguen dichos deseos. Márgenes cuya delimitación se ocupara el más puro de los egoísmos… El movimiento hippie no podía constituirse en factor de la transformación de la realidad para ser sustituida por una más amable, porque confiaba en que la naturaleza sería intrínsecamente tendiente a la bondad… Es decir; se partía de una idea tenida en carácter de una certeza incuestionable… Pero ya la Sociedad y su estructura se encargarían de demostrar lo errado de este postulado.

Resultaba inevitable que el movimiento hippie se desalentase ante la visión las condiciones objetivas que se presentaban en las sociedades, en que si no se rechazaba el axioma de “PAZ Y AMOR” en sí mismo, si se objetaba la metodología que le acompañaba, la cual le exigía a la Sociedad la admisión una forma de pensamiento elaborado sobre doctrinas provenientes de la India y el Oriente – de dónde nacía la conclusión hippie, de la proclividad hacia el bien de las acciones y los pensamientos de los seres humanos-. El rechazo intolerante de la Sociedad respecto de los hippies, resultó correspondido por el rechazo -también intolerante- de estos últimos al excluirse Socialmente para conformar comunas. Waden II no puede generar un cambio revolucionario, cuando se encierra en sí mismo, para aislarse de la dinámica de la Sociedad. Walden 2 solo podrá tenerse como una curiosidad de la regla Social…

Se ha confiado demasiado en la proclividad a la “positivo” de los seres humanos, y quizá sea que las condiciones objetivas necesarias para la transformación de la realidad, deban de ser creadas de manera consciente mediante la acción directa. Pasemos a provocar la metamorfosis que pretendemos mediante el rompimiento frontal y sin posibilidad de conciliación con esta realidad, rompiéndola de todas las maneras que sean posibles. Sin poder percatarnos de que nuestra manera de vestir, acompañada de una actitud ciegamente desafiante, sólo garantizarán el más refractario de los rechazos sociales.

¿Quién es el del pensamiento obnubilado? ¿El ciudadano que dogmáticamente es congruente con el “Sistema”, o el individuo que también de manera dogmática, no desea ser otro ladrillo en la pared? ¿Acaso no ambos defienden una visión dicotómica, en que el otro, es un enemigo naturalmente maligno? ¿Quién está llamado a redimir al otro?

POR SUPUESTO QUE CONTINUARÁ…

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