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El Steampunk como en todas las propuestas contraculturales, se encuentra integrado hacia adentro –que es lo realmente perjudicial a los movimientos contraculturales –por dos interpretaciones mutuamente excluyentes –una suerte Doctor Jekyll y un señor Hyde-, que una vez que colisionan, afectan tanto a la propuesta contracultural, como a sus mismos seguidores…

Identifiquemos como al Doctor Jekyll, a la propuesta estrictamente contracultural que propugna por la transformación de la realidad material y social vigente, mediante la puesta en práctica de un trabajo autoanálisis en que los integrantes sociales, quienes se auxilian de los métodos enunciados por propuesta contracultural de que se trate –debemos decir bastante variopintos, y entre los que se distinguen soluciones políticos-sociales, mezcladas con otras propias del New Age (como lo son la mistificación de una idea pro-naturaleza que se considera, deben de poseer las sociedades preindustriales como oposición a las industriales, o de la pureza no corrompida tanto por el dinero y los artificiales convencionalismos sociales conocida como la idea del buen salvaje o la subjetividad propia de las doctrinas orientales y las artes mágicas, etc.)-, a fin de procurar la rectificación –porque se considera errado- del camino tomado por las sociedades, retomando su verdadera esencia, su estado “natural”. Solo es con la rectificación de camino, es que los integrantes de las sociedades –porque lo importantes son los sujetos, y superfluas las estructuras organizacionales…-, podrán arribar al estado de armonía igualitaria, paso imprescindible para lograr la felicidad absoluta.

El oponente de nuestro Doctor Jekyll, se encuentra encarnado en persona del siniestro Señor Hyde.

Nuestro Mr. Hyde, se caracteriza por carecer del altruismo social propio de las propuestas contraculturales. La transformación cualitativamente de las sociedades, ni siquiera es tomada en consideración como una posibilidad de acción que otorgue sentido a la idea que se opone a la Contracultura. Pero ello no implica la ausencia de objetivos, sino que estos se encuentran dirigidos a otros fines igualmente considerados válidos… -quienes posean algún tipo de interese que se identifique con los propios de nuestro Señor Hyde; serán quienes se apurarán en negar siquiera su existencia de nuestro opuesto… -. La Sociedad no es susceptible de algún cambio cualitativo, por tanto; el individuo debe de montarse tanto sobre la propuesta contracultural como en la misma Sociedad, a fin de obtener en lo personal el mayor beneficio posible, no importando que para acceder a este beneficio, se deba de conformar una alianza con el Status Quo…

Mientras que la Contracultura, se autoimpone una la tarea filantrópica de procurar la felicidad de los seres humanos, al transformar cualitativamente su realidad material. Su opuesto, simplemente deja que transcurra la dinámica social del momento, en espera de que con ello puedan obtenerse beneficios. Por un lado la Solidaridad, y en el otro, el Egoísmo…

La discrepancia de objetivos enarbolados por el Doctor Jekyll y el señor Hyde, excluye que ambos puedan ser consideradas bajo un mismo nombre, a riesgo de dar continuidad con la confusión que de manera consciente e intencional se ha venido fomentado –a río revuelto, ganancia de pescadores…-. Es por ello, que debe de ser considerado que quién posee el derecho prioritario de utilizar el nombre de la propuesta contracultural de que se trate, es aquella que sea congruente con los objetivos perseguidos por esta, es decir; nuestro Doctor Jekyll debe de llamarse Steampunk.

Ahora bien, la visión que hemos identificado como opuesta en objetivos perseguidos por el Steampunk, encuentra en la confusión de los significados de éste; la oportunidad de acceder –y utilizar- tanto las relaciones, como las estructuras de cooperación, que se encuentran edificadas en torno de la creación de un mercado subterráneo y sub-economía, subyacentes a toda propuesta contracultural, que se estructura para dar satisfacción a las necesidades de consumo de sus verdaderos seguidores.

El real interés que mueve a nuestro señor Hyde –que aún no le encontramos un nombre apropiado- para conservar la confusión de términos en le Steampunk, es la posibilidad de continuar medrando a la sobra de sus estructuras, en la obtención de beneficios personales -no se puede obedecer igualmente al Cesar que se encuentra en las monedas, que la deidad que no reditúa directamente.-. Resulta indispensable asignarle una denominación a la visión egoísta del Steampunk…

Sería tomada como una actitud bastante inocente y corta –hasta boba-, pretender que con la identificación bajo un nombre diferente, de la visión oponible al Steampunk -nuestro Mr. Hyde-, se podrían conjurar los perjuicios que se causan desde dentro del Steampunk. No ayuda mayormente el lanzar un sortilegio identificando al “Steampunk-negativo”, “Anti-steampunk”, etc. Si no la conjuración, si por lo menos las prevención en la utilización de las estructuras de la propuesta contracultural par afines egoístas, pasa identificar los métodos utilizados para tomar por asalto estas estructuras, que se encuentran defendidas por seguidores convencidos en el Steampunk, y quienes quedarán tirados en la brecha del camino… Son los métodos de supresión de la oposición dentro de un movimiento contracultural, los que realmente otorgan la nomenclatura a la visión que se opone a esta. En el caso del Steampunk, su opuesto se llama Steamlinismo.

Las frases características de los steamlinistas, delatan una enorme carga de egocentrismo. Se pueden asumir como fundadores –ser iniciador no resulta ser sinónimo de desinterés…- , los primeros en tal o cual asunto -la ordinalidad, es una simple cuestión de numeración de simples momentos.-, que se tiene comunicación con los pensadores movimiento sin poder revelar sus sacrosantas palabras, nunca expresan una opinión que les comprometa a tomar una determinada posición –son muy afectos a hablar del Steampunk ensalzando por igual todo aquello que se le parezca-. Nos hemos enfrentado a bastantes steamlinistas –son muy afectos a emitir críticas a fin de edificarse una reputación que no merecen, vía ataque a convencidos seguidores del Steampunk-, pero como en realidad no poseen un ápice de mérito propio, pues poseen una tendencia bastante grotesca por destruir todo aquello que tocan, y en donde previamente han excluido toda oposición…

A veces cuando despertamos de nuestros sueños, llegamos convencernos de que el estado ideal de un steamer, no es una idealizada pertenencia a una colectividad – aunque es entretenida y edificante pertenecer a una-, sino ser anarquista –las mejores obras del Steampunk, se generan en virtud del dialogo que sostiene el creador en su taller, y sus cacharros…-: Se puede hacer mucho sin tener que contar con un juez –ignorante por demás – de nuestros actos…

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