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Visto de una manera bastante simplista, a muchos parecería que existe igual probabilidad de ser mordido por un zombie, que chupado por un vampiro. Bajo la consideración de que en ambos casos, nos encontraríamos ante seres míticos en igualdad de fungir como protagonistas… Este artículo pretende demostrar que uno de estos peligros, es mucho más real e inmediato que el otro, que corresponde a una clara apología de nuestros temores más básicos…

Quisiéramos iniciar nuestro análisis, brindando un especial reconocimiento a aquellas personas, que haciendo gala de una actitud provisora que va más allá de lo normal –pudiéndose considerar hasta un tanto anormal…-, han venido llamando nuestra atención con respecto de la probabilidad de que nos sobrevenga una hecatombe zombie, capaz de acabar con la Civilización como la conocemos – siempre resultará mucho mejor cubrirse las espaldas, por si es el caso… -.

Si bien es cierto que el riesgo del cual se nos previenen los agoreros de un ataque zombie –sólo se necesita de una sola acometida para acabar con nosotros…-, es uno factible y que merece ser tomado en cuenta en la elaboración de planes anti-zombie. También lo es que este riesgo actualmente, no reúne las características necesarias para ser considerado como una prioridad, como lo podría ser entre otras; que se hubiese presentado un incidente de infección zombie…

Si bien es cierto que se encuentra latente la posibilidad de que se pudiera presentar en cualquier momento –a nuestros temores les debemos un buen porcentaje de esta probabilidad-, un estado de emergencia zombie. También lo es que al no existir en la actualidad, algún indicio material que contribuya a delatar que este peligro se encuentre ya declarado, solo puede ser traducido en descrédito a la reputación de quienes nos advierten del peligro zombie… Algo así como prevenir sobre el peligro de un lobo, aún antes saber si la vida silvestre del sitio en que nos encontremos prevea a este tipo de caninos, o que de contemplarse, ni siquiera hubiésemos encontrado evidencia que delatara la cercanía de esta amenaza cánida de este tipo…

Una actitud correctamente previsora con respecto de las amenazas que asechan a la Humanidad, como es la zombie. Pasa por realizar un ejercicio de identificación de los peligros más probables, contra de los menos posibles. Una alerta de Tsunami, debería de ser lo último en que deberían de pensar los habitantes de una ciudad construida con madera y ubicada en el centro de cualquier continente, antes que prevenir los efectos de incendio generalizado.

La importancia –por demás injustificada, por lo que hemos señalado- que ha adquirido la posibilidad de que se presente un peligro zombie, se debe a la conmoción psicológica que causa la sorpresiva y geométrica manera en que se difunde el virus–uno puede estar tomando el café con un amigo, y de pronto, ¡Voilá!, se ha convertido en zombie…-; mediante heridas infringidas por el zombie o por el contacto con los fluidos que infectan a este –aunque aún no podemos entender bien a bien, la inexistencia de perros zombies, gallinas zombies o caballos zombies. Cuando sería de esperarse que estos animales domésticos, se encontraran mucho expuestos al contagio por contacto con fluidos zombies…-, que ocasionan que en unas cuantas horas –o minutos, si atendemos al tiempo que proporcionalmente es necesario en una película de esta temática…-, la Sociedad zombie cuente entre sus filas con un nuevo y activo miembro.

¿Qué es más probable actualmente, un peligro zombie o uno vampírico?

Primeramente debemos de tomar en consideración que para que se presente un peligro zombie, se requiere de la existencia de un disparador que como hemos dicho, aún no se ha presentado –el paciente “cero”. Situación la anterior, que cualitativamente es bastante opuesta a la que involucra un riesgo vampírico –aunque sea bastante parecido en la forma de su infección, a la que presentada por el riesgo zombi-, ya que en este caso se cuenta ya con la existencia del portador “cero”, mismo ha sido identificado plenamente en la persona que quién se hizo llamar Vlad lll, le apodaron  Vlad Tepes y conocemos comúnmente como Drácula…

La historicidad de Drácula como paciente “cero”, se encuentra pertinentemente documentada -la “novela” de Bram Stocker, es en realidad un material de difusión científica que se aprovechó este género literario para tener una mayor penetración en el Público-, y contribuyendo a relegar al peligro zombie, a un sitio muy secundario en la estimación de prioridades.

En la lucha por la prevalencia que se presenta entre un mito producto del Siglo XXI como lo es el zombie –tanto por su relación con la investigación y manipulación biológicas. Como por la intervención de Milla Jóvovich-, en contra de un efectivo riesgo vampírico –aunque un poco “elemental”, si tomamos en consideración la utilización de estacas, ajo y crucifijos – que nos legó el Siglo XIX a través de su represéntate más conocido: El Conde Drácula…

Al igual que en el caso zombie, el peligro vampírico comparte la misma base de su propagación; infectar y convertir a la víctima de “alimento” a consumidor -aunque los ocultistas consideran que debe de existir “consentimiento” para ser convertido en vampiro, porque en caso contrario, uno se convierte en simple muerto. En cualquier caso, la cantidad de integrantes de la Humanidad chupada por vampiros, iría en decremento…-–. También en ambos riesgos, sus sujetos son fundamentalmente son inmortales –hasta en tanto no se les otorgue una “re-muerte”, mediante procedimientos que por regla general, implica la afectación de alguna manera de sus cuerpos-.

En el caso de nuestro real peligro vampírico, debemos de llamar la atención que tanto el portador –vampiro-, como el infectado –otro vampiro en potencia-, al adquirir “inmortalidad” –la que no es tal, si atendemos a que básicamente tuvieron que morir para convertirse en  “muertos-vivientes”, epíteto que también aplicado a los zombies…-, propician el crecimiento geométrico de su población, con una característica ausencia de tasa de “mortandad” –con excepción de que algún émulo de Abraham Van Helsing, hiciese de las suyas, lo que no representaría una diferencia proporcionalmente destacable…-, y en detrimento proporcional de los integrantes efectivos de la Humanidad.

EL economista Thomas Robert Malthus, desde la lejanía del Siglo XIX. Nos legó la teoría que enunciaba que derivado del crecimiento geométrico de la población humana, así como del aumento matemático en la producción de los alimentos, resultaba inevitable que la Humanidad no se encontrara en aptitud de dar satisfacción a las necesidades alimentarias de sus integrantes.

No obstante que las conclusiones a que llega Thomas Malthus, pudieran ser consideradas como las más objetivas que el razonamiento científico pudiera alumbrar. Consideramos que la teoría maltusiana, dejó de tomar en cuenta–error muy grave- la existencia e intervención del depredador natural del ser humano: el vampiro…

Con la inclusión del depredador del ser humano, el riesgo maltusiano de que la Humanidad pueda padecer hambrunas cíclicas, queda relegado a un lugar bastante secundario. Esto es así, toda vez que cuando uno es saboreado por un vampiro, con la expectativa de que se nos extienda carta de ciudadanía transilvana; comer pollos ya no nos resultaría una actividad lo suficientemente atractiva…

La Humanidad tiene la tendencia crecer en un promedio del 15% cada doscientos años, lo que arroja un promedio de crecimiento de la población de unos 100 millones cada bicentenario. Por lo que en el tiempo que medió entre el año 1800 al 2000, la población mundial era de aproximadamente 6 mil millones de habitantes, mientras que para el periodo del 2000 a 2200 esta estaría compuesta por 6.900 millones de sujetos, y para el futuro comprendido entre el año 2200 al 2400, la cantidad de población mundial se cuantificaría en 7,935 millones de habitantes. Y así hasta el infinito, siempre y cuando el crecimiento poblacional no conociera más límites que el control impuesto por las hambrunas previstas por Malthus, y cumpliera con su “regeneración”, vía nacimientos.

En la teoría Malthusiana, el control poblacional lo otorga la insuficiencia en la producción de alimentos y su desabasto, siempre y cuando la población continuara creciendo sin ningún freno. En este sentido, debemos de señalar que si bien es cierto que Thomas Robert Malthus, habría introducido en su teoría, algunos medios de control poblacional como lo eran las guerras, epidemias, etc., como elementos que contribuirían a alargar los efectos de la dinámica propuesta. Los mismos se constituirían en meros paliativos para distender una situación, sin contribuir cualitativamente a su transformación…

En realidad y contrario a lo expuesto en la errónea teoría Malthusiana, el quid del problema nunca lo fue el desabasto alimentario versus crecimiento poblacional. Sino que su verdadera dimensión, estriba en establecer una ecuación, cuyos factores son el crecimiento de la población humana, contra el crecimiento de la de su depredador: el vampiro. La relación que provocará el crecimiento geométrico de la población vampírica –que no se encuentra amenazada por un depredador que se conozca-, basada en el consumo de la Humanidad, hasta que esta última sea rebasada y extinta…

Si es considerado como  un promedio conservador de “no-vida” para un vampiro, 200 años para cada sujeto, a partir del tronco establecido por el Conde Drácula. Y considerando que con una víctima suministrada de manera mensual, nuestro vampiro debe de dar las gracias por acceder a una alimentación basta. Así como la victima del vampiro o puede pasar a su vez a engrosar las filas de las fuerzas oscuras como otro vampiro, o por lo menos morir de una manera definitiva. Nos encontraremos con que el género humano, cederá inexorablemente su sitio a los vampiros, según se desprende de la siguiente tabla:

Individuo Promedio de “no-vida” en años Cantidad de consumos hemáticos (1 sujeto por mes, a lo largo de la vida del vampiro) Cantidad de conversos, vía consumo hemático. Población mundial con un 15% crecimiento cada 200 años- Menos
1 (Conde Drácula) 200 (1800-2000) 2400 2400 6,000,000,000
2400 200 (2000-2200) 5´760,000 5´760,000 6,900,000,000
5´760,000 200 (2200-2400) 13,824,000,000 13,824,000,000 7,935,000,000

Como podrá ser apreciado, la población vampírica basada en la piedra angular establecida por el Conde Drácula. En el bicentenario que va desde el año 2000 al 2200 ascenderá a la cantidad de 5´760,000 sujetos, lo que representa el 2% aproximadamente de la población humana en el mismo periodo, mientras que para el siguiente periodo de dos cientos años (2200 a 2400), la población vampírica casi habrá duplicado a la humana, consumiendo a esta última –literal-…

En atención a que la población vampírica, se presenta como una consumidora de la humana, y que característicamente suprime las fases de maduración de los sujetos (niñez, juventud, madurez, “tercera edad”), sus sujetos deben de ser considerados como adultos, transcurridos apenas unos días, frente a los años que les cuesta a los seres humanos… Esta disparidad en la maduración de  los sujetos, propicia que la conversión de la población mundial humana a vampírica, deba de ser esperada aproximadamente para el año 2300. Esto si antes no prevenimos mediante una estaca, su fin…

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