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Un manifiesto expresa un programa ideológico, sus objetivos y la manera de alcanzarlos. Por tanto no resulta extraño que Steampunk, haya emitido un manifiesto. De hecho, resulta que se tratan de dos manifiestos, en donde; palabras más, palabras menos, coinciden en su punto medular: El Steampunk, no se encuentra en contra del mercado, sino del consumismo exacerbado.

También resulta de llamar la atención, que la asimilación de los modismos propios de la aristocracia del Siglo XIX, NO ES LO MÁS DESEABLE, por conllevar implícitamente una idea de clase… Que lo más deseable, es encontrar nuestra identificación en otros personajes de esa época.

Disfruten los manifiestos:

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Manifiesto del Profesor Calamity

Colonizando el pasado para poder soñar el futuro.

El Steampunk es una re-visión del pasado, con las percepciones hipertecnológicas del presente.

Desafortunadamente la mayoría de los llamados “steampunk” son simplemente reaccionariamente nostálgicos ataviados. Los sofocantes salones de té de imperialistas Victorianos y mapas desvanecidos de arrogancia colonial. Es un antaño teñido de sepia más apropiado para Disney o nuestos abuelos que una vibrante o viable filosofía o cultura.

En primer lugar, el steampunk es una crítica de la tecnología no ludita. Rechaza la distopía ultra-hip de los ciberpunks y su lluvia negra y posturas nihilistas; mientras que simultáneamente pierde la presunción de la fantasía salvaje de la era pre-tecnológica. Se revela en la realidad de la tecnología, su eseidad en oposición a la sobreabstracción analítica cibernética. La tecnología del vapor es la diferencia entre el “nerd” y el científico loco. Las máquinas steampunk son partes reales, que respiran y tosen, combatientes y estruendosas del mundo. No son las airadas hadas intelectuales de las matemáticas alegorítmicas sino las manifestaciones corpulentas de los músculos y la mente. El prodigio de sudor, sangre, lágrimas y delirios. La tecnología del steampunk es natural, se mueve, vive, envejece e incluso muere. Es la primera tecnología real, así como Dios animó el barro con el aliento, el hombre animó el metal inerte con vapor de agua.

El Steampunk, como el científico loco, de ser cercado por las siempre crecientes jaulas de las especializaciones. Leonardo Da Vinci es la piedra de toque del steampunker, una difuminación de líneas entre la ingeniería y el arte. Moda y función mutuos dependientes como el pistón y el vapor. El auténtico steampunk busca tomar las palancas de la tecnología de los tecnócratas y poderosos que tratan de drenarlo de ambas sus cualidades artísticas y reales- convirtiendo los monstruos vivientes de las tecnologías en los atontados sirvientes de la comodidad sin sentido.

El auténtico Steampunk no es un movimiento artístico sino un movimiento estético tecnológico. La máquina se ha liberado de la eficiencia y ha sido diseñada por deseos y sueños. La elegancia de la ingeniería óptima se sustituye con la ornamentación necesaria de la verdadera función. La imperfección, el caos, el azar y la obsolescencia no deben ser vistos como faltas, sino como formas de permitir la espontánea liberación de la perfección predecible. La fábrica de la conciencia es derrocada por la bella entropía. El Steampunk crea una paradoja perfecta entre entre lo práctico y la fantasía. Expande los horizontes del arte y la tecnología al ser liberados del control maníaco de los propósitos del hombre. 

La tecnología Steampunk no es ni esclavo ni amo, sino socia o compañera en la exploración de los territorios incognoscibles del arte y la ciencia.

El Steampunk rechaza la política empapada de miope nostalgia tan común entre las llamadas culturas “alternativas”. La nuestra no es la cultura del Neo-Victorianismo y el protocolo estupefaciente. Una escapada a los clubes de caballeros y el dictado clasista. Es el hada verde de la ilusión y de la pasión escapada de su botella, extendida a través de los engranajes brillantes de nuestra rabia. Buscamos la inspiración en los callejones ahogados de niebla con humo del Imperio Victoriano. Encontramos inspiración y solidaridad con los bombarderos locos con los puños manchados de tinta, con las mujeres látigo en mano que no ceden ante nadie y los deshollinadores con tos que han escapado de los tejados y se han unido al circo, y con los amotinados que se han hecho nativos y han entregado las herramientas de los maestros a los más preparados para usarlas. Estamos alentados por los trabajadores portuarios de Doglands ya que prendieron fuego a la cámara del Príncipe Alberto y exaltados por los rituales oscuros de la Ordo Templi Orientis. Nos unimos a los traidores del pasado puesto que tramamos traiciones imposibles contra nuestro presente.

Demasiado de lo que pasa por steampunk, niega el punk. Punk en todas sus formas. Punk -el fusible usado para los cañones luminosos. Punk -los oprimidos y sucios. Punk -la ética agresiva del “házlo tú mismo”. Permanecemos en los hombros temblorosos de los opio-adictos, dandys, inventores de máquinas de movimiento perpetuo, los amotinados, los vendedores ambulantes, los jugadores, los exploradores, los locos y los literatas. Nos reímos de los expertos y consultores de tomos comidos por las polillas de posibilidades olvidadas. Nos burlamos de utopías mientras esperamos que las nuevas runas se revelen por sí mismas. Contamos con damas o caballeros como medios. Somos una comunidad de magos mecánicos encantados por el mundo real y en deuda con el misterio de la posibilidad. No poseemos el lujo de sutilezas o la posesión de la cortesía, porque estamos reconstruyendo el ayer y asegurando el mañana. Nuestros corsés están llenos de imperdibles y nuestros sombreros de copa esconden crestas despiadadas. Somos chacales de la moda corriendo salvajes en la sastrería.

¡Está vivo! El Steampunk vive en el pasado colectivo reencarnado de sombras y callejones olvidados. Se trata de un wunderkabinett (posiblemente del alemán, un gabinete de las maravillas) histórico que promete, como el Dr. Caligari, despertar a los sonámbulos del presente a la realidad soñada del futuro. Somos arqueólogos del presente, reanimando historia alucinante.

http://theatre-of-solitude.blogspot.mx/2011/02/manifiesto-steampunk.html, traducción de  Sarai Cervera Sáez, basada en la fuente Livejournal del Profesor Calamita

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Manifiesto de Jake von SALT

“¿Qué tipo de futuro te prometieron? Cuando yo era joven, me dijeron que tendría sirvientes robóticos que atenderían cualquier necesidad, coches que se conducirían a sí mismos mientras leyera el diario, y vacaciones en hoteles en el espacio orbitando. Cuando fui un poco mayor, me prometieron comunidades ecológicamente comprometidas donde podríamos vivir todos juntos en edificios geodésicos, con nuestros trajes blancos.

Pero cuando alcancé el instituto pararon de hacer promesas de futuro. Estuvimos seguros de que creceríamos en un mañana post-apocalíptico donde vagaríamos por paisajes desérticos en nuestros vehículos destartalados con nuestros peinados a lo punk rock buscando el siguiente galón de gasolina.

Cuando las cosas parecian ir mejor de nuevo, nuestro futuro continuó oscuro. Seríamos humanos con unidades de información digital incrustados en nuestros cráneos y nuestros destinos determinados por entidades misteriosas y sombrías que podrían o no podrían ser humanos, o incluso ‘vivos’.

Hoy en día, el único futuro que nos prometen es el que se encuentra en el desarrollo y los laboratorios de I+D del mundo. Nos muestran atisbos de la próxima generación de móviles (celulares), portátiles o dispositivos mp3. Las revistas que solían tratar de mostrarnos cómo vivíriames en cincuenta o cien años, ahora sólo especulan sobre el nuevo sistema de sonido envolvente para tu cine en casa o quizá sobre el próximo sedan de lujo que tendrá Bluetooth como equipamiento estándard.

¿Qué haces cuando no te prometen más futuro más allá de la próxima conferencia de Steve Jobs o tras la película taquillera del verano? ¿Qué haces cuando tu presente consiste en ir a tu trabajo, pagar los impuestos y tratar de llegar a final de mes? Nuestra sociedad te hace agachar la cabeza, trabajar un poco más y con más esfuerzo, para quizá poder encargar una televisión de plasma (50-inch HDTV) en Amazon.com.

‘Si quieres que se haga algo, hazlo tú mismo’. ¿No lo has escuchado últimamente bastante? Exceptuando aquellas personas que quieren venderte herramientas para arreglar tu casa. Todo lo demás está etiquetado como que “no contiene partes reparables por parte del usuario”, incluyendo nuestro futuro.

¿No hay nadie que se haya preguntado, entonces, si alguien de nosotros ha decidido dar un paso hacia un margen? ¿Un paso fuera del canal temporal corporativo donde nosotros nos hayamos creado a nosotros mismos? ¿Un paso hacia un mundo de aventura y romance donde cada uno sale a la búsqueda nuestros propios futuros en nuestros propios términos sin tener que esperar a que salga a la venta? ¿Un paso al lado en un pasado que nunca fue y un futuro que podría ser?

No hay duda que el futuro cercano depara grandes desafíos para nosotros. Muchos creen que el Pico petróleo (Peek Oil) está llegando y que el creciente precio del petróleo pronto reformará vastamente las vidas y hábitos de mucha población de la Tierra. En adición, las economías en desarrollo de China y la India ya han alterado los paisajes de la manufactura y el trabajo de manera fundamental.

En este contexto, e irónicamente bastante, el siglo XIX contiene importantes lecciones para nosotros a la hora de tratar con las tecnologías disruptivas, del mismo modo que dándonos soluciones técnicas ya preparadas para usar que fueron descartadas en su momento como ineficientes. Además, el poder del vapor tiene una ventaja respecto su capacidad “multi-fuel”. En un mundo con múltiples fuentes de fuel derivado de la biomasa que se pueden encontrar en mayores o menores cantidades según la temporada u otras variaciones, la energía de vapor puede tener algún papel.

‘Nos preparamos para el apocalipsis, pues, para evitarlo es el lema de la conciencia Steampunk en lo medioambiental y político. Comprar objetos era diferente en el siglo XIX, por ejemplo. Si necesitabas un mueble, una herramienta o un electrodoméstico, tenías que ahorrar para ello, y el item que adquirías tendría que funcionar y estar contigo para el resto de tu vida.

Los Steampunks rehuyen el consumismo de la cultura popular. Deliberadamente reducen a lo mínimo [en lo material] sus vidas escogiendo poseer un par de cosas de calidad más que armarios llenos de bienes producidos en masa. También salen a la búsqueda de aquella tecnología vintage o antiguas como máquinas de coser para adquirirlas para su uso diario, en la creencia que sólo las máquinas del pasado tenían la durabilidad más allá de la vida de sus propietarios originales.

Los Steampunks quieren comprar algo sólo una vez y poder pasarlas a nuestros hijos. Incluso mejor, queremos ‘hacer’ algo una vez, algo que usemos cada día para el resto de nuestra vida. Algo que nos recuerde cada vez que lo usemos que tenemos esa habilidad. Algo que nadie más en el mundo tenga.

Traducción de  Lady Elizabeth, http://steampunksp.4rumer.net/t5231-un-manifiesto-steampunk-por-jake-von-slatt-de-steampunk-workshop

 

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