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Estas se tratan de no más que notas de un cuento que está en proceso, estas, no serán utilizadas en la historia, pero tampoco se tuvo corazón para borrarlo…

– Percy, personalmente pienso que una muerte, y me refiero a la de cualquier persona y la modalidad de su deceso. Debe de ser lamentada de una manera no desprovista del mayor decoro y discreción, situación de la cual se sigue, que hacer referencia a la muerte de un caballero en términos de una nota periodística –Por muy respetable que sea el medio -, solo despoja de la dignidad que debe de tener este suceso. Al hacerlo del manejo de sujetos, que no tuvieron la dicha de conocer a la persona en vida, de tal suerte que la mención del nombre de éste, por una boca, y por demás ajena como lo es la de alguien que no conoció al occiso, deviene en vituperio a su memoria, y algo que resulta ser de muy mal gusto para cualquier caballero. La Muerte debe de ser un suceso provisto de la dignidad que merece aquel que deja de existir, y que trasciende de su círculo inmediato de parientes y amistades…

-¡Vamos Andrew!, si te señalo la nota. No es para el efecto de propiciar tu perorata, sino para referirte que yo lo hice…

–No entiendo con exactitud de que te refieres cuando señalas que “lo hiciste”, ¿hiciste qué exactamente?- Percival C. Owsley, se arrellanó aún más en el sillón que ocupaba de su estudio. – ¡Que Dios te guarde en tu angelical inocencia!, debes de tener por seguro que el cielo te espera por esa muestra de blancura de tu alma… Por eso, resulta aún más bochornoso lo que debo de decirte a riesgo de condenar tu alma inmortal, y sumergirte conmigo en las profundidades del infierno. Pero, necesito de unos oídos leales que puedan escuchar mi confesión, aunque entiendo que hacerlo de ese modo, es pretender que compartas mi destino por el hecho de escuchar mi confesión. Sábete amigo, que existen pecados que se hacen consistir en cuestiones de nuestra relación de convivencia como hermanos, y hay de otros referentes a la relación entre el creador y su creación. De estos últimos, es el mío, he matado a una de las creaciones de nuestro Señor, he matado a un hombre…

– ¡¿Percy, que has hecho exactamente, amigo mío?!, ahora te lo cuestiono en calidad de tu represente legal, y que utilizará todas sus capacidades para procurar que salgas bien librado…

– ¡Calla amigo mío!, no deseo que me libres de la mano secular, y pero tampoco pretendo que me libres del brazo de la iglesia que ya vengo sufriendo en calidad de remordimiento.

– No amigo mío, a lo que debe de temer es a la vindicta pública, atribuyo a tu ofuscación, la solicitud de que deje de ejercer tu defensa. ¿Quién fue, cómo y porqué lo hiciste? – Andrew L. Hutchinson, se levantó del sillón que ocupaba, aun fumando su cigarrillo – Por favor amigo mío, requiero todos los detalles para efecto de articular de una defensa efectiva, con toda seguridad fue por imprudencia; eso será una atenuante que beneficiará a tu causa… o tal vez un momento de ofuscación que contribuyó a producir un efecto que no estaba planeado, ni mucho menos esperado…

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