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El viaje desde Santa Maria la Rivera hasta llagar a la Avenida de los Insurgentes, es un hecho que comprueba que la Teoría de la Relatividad, debe de ser elevada a nivel de Ley.

La sola compañía del “Comandante” Gorostieta, propiciaba que se presentara un fenómeno físico algo inquietante: El desplazamiento del punto “A” al punto “B” – Santa Maria la Rivera, Avenida de los Insurgentes-, que normalmente se haría en tres minutos –cinco, con transito- dilataba el tiempo… De manera tal, que el transcurrir de cinco minutos, percibido por los sentidos, se convertía en un viaje de medio hora…

Mientras que el TRANSAM de 1978, color negro, con la icónica Águila Flamígera adornando la cajuela del motor, se movía con rumbo hacia la Avenida de los Insurgentes. El agente de la Procuraduría colocó un CD en el estéreo, que le devolvió una pieza de los Tigres del Norte: “…Me gusta andar por la sierra, me crie entre los matorrales, ahí aprendí hacer las cuentas, nomás contando costales, me gusta burlar las redes, que tienden los federales,…”.-

También se presentan personas que buscan obtener algún beneficio. No es tanto por una real convicción, sino por una efectiva conveniencia…- Gorostieta prendió un cigarro Marlboro, y acto que acompañó con un entrecerrar de ojos, que no era más que una mera pose, que podía corresponder a la que habría tomado Gervasio Robles “El Pantera”. Por lo tanto a JS, no le habría extrañado que en algún momento de su vida, el “Comandante” Gorostieta, se hubiera decolorado con agua oxigenada, algún mechón de su cabello para parecerse a “El Pantera”, o por mínimamente a algún Tigre del Norte…

-… El movimiento Steampunk es noble en sí mismo. Pero como a cualquier otra forma de vida alternativa, le subyace una modalidad subterránea de economía, que se hace deseable a sujetos ajenos a los movimientos. Es ahí, en donde encuentra su fuente de corrupción todo movimiento…- El “Comandante” Gorostieta, dejó de prestar atención a J.S., al iniciar las maniobras de estacionar su TRANSAM a a un costado del edificio Alférez.

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Desde el cubo de la escalera del segundo piso del edificio Alférez, y tras la puerta cerrada de la escuela de baile, se iniciaban los primeros acordes del danzón “Nereidas”. El “comandante”, al escuchar el danzón, no contuvo la oportunidad de ubicar sus manos -con los ojos cerrados para no romper el efecto-, como si tomara a una pareja que solamente se encontraba en su mente, y dio inicio a su baile que dibujaba un cuadro -lo que era llamado el “tabique”.

– No mames lagartijo!-dijo sin abrir los ojos, pero consciente de la presencia de JS. -Cómo me llega esa… Me hace acordarme de la “Princesa”…

-¿Una novia…?

– Una amiga del Califas… Pero ese hijo de la chingada, lo he de encontrar y la va a pagar bien cara… por esta… – Dijo el “Comandante” Gorostieta, sin siquiera pretender explicar a JS, el significado de sus palabras, a la par de que fugazmente formaba la señal de la cruz con su mano derecha.

Gorostieta y JS, levantaron la vista al siguiente nivel, el cual replicaba en disposición a aquel en el  que se encontraban, y pudiendo apreciar que en la correspondiente puerta a aquella que correspondía al Salón de Baile frente la cual se encontraban, se ubican dos elementos de la Secretaria de Seguridad Pública del Distrito Federal.

Arribando al tercer piso, los elementos policíacos se cuadraron ante Gorostieta con el saludo casi-militar, que les  enseñaban regularmente en el Instituto de Formación Policial.

– A sus órdenes   Comandante.- Dijeron al unísono mirando a su superior jerárquico, a la vez que de reojo escrutaban a JS, con sorpresa divertida, como si fuera el caso de que en Santa María la Rivera, y particularmente en el Museo y tianguis del Chopo, no fuera común encontrarse con representantes de contraculturas. Gorostieta, regresó el saludo con una inclinación de cabeza, no desprovista de desprecio, y que fue paradójicamente agradecido por   los policías, como una muestra de deferencia a sus vituperadas personas…

-Un madrina…- Dijo el “comandante”   Gorostieta a los policías,   refiriéndose a JS. Los policías quedaron sorprendidos ante la afirmación de   su superior, en sentido de que ese personaje vestido a la usanza de los años 1800´s, se encontrara provisto de una calidad casi inalcanzable para ellos.  Ser un “madrina”, era ejercer funciones policiacas, sin contraer las obligaciones propias de los elementos en activo. Se convertía así, en una   especie de patente de corzo, por medio del cual, se habilitaba medrar a la sombra de la autoridad, sin más obligación que rendir cuentas al agente que lo reclutaba…

-Adió…- Dijo el elemento  que portaba galones de sargento.

-Aunque lo dudes pendejo,  este lagartijo es muy güevudo…

-No pu´s sí, para vestirse   así…

El “comandante” Gorostieta,   miró por entre las humanidades de los policías, para comprobar que la puerta   que daba a departamento del occiso, se encontraba cerrada y “sellada” con unas cintas de plástico amarillo mal pegadas, con lo que presuntamente de declaraba “clausurada” la escena del crimen.

-Nomás hayan basculado al   muertito…- Ambos elementos palidecieron, reconociendo tácitamente la acción   que se les imputaba.

– Nooo mi jefe,  como va a creer…

-Como que no, a güevito que si, verdá?, el policía sin galones trató de justificarse.

– Jefe no tenia nada, un billete de a cien…

-No mamen, fueron mil pesos… -Dijo Gorostieta sondeando a los policías.

-No jefe…, la verdad eran   trescientos setenta y cinco… –Dijo el sargento, temeroso de que a la larga, el pequeño hurto les redituara mayores problemas que beneficios.

-Ya ven cabrones, nomás se hacen güeyes,   presten la lana y denme las identificaciones…

El policía con grado de sargento, sacó de bolsillo unos billetes de doscientos, cien, cincuenta, veinte y una moneda de cinco pesos, junto con las credencial para votar y una tarjeta bancaria de debito, que entregó al “comandante” Gorostieta.

-Nada más? – el elemento raso, hizo entrega una pluma que simulaba ser Montblanc.

-Ya ven… ¿Pa´que nos hacemos güeyes solitos?, ¿Ya desayunaron?

-No jefe, el Z10 del sector, nos dijo que no nos moviéramos de aquí, y pus, aquí   estamos…-Refirió el sargento, siendo secundado con una seña afirmativa del policía raso.

-Entonces váyanse a comer.   Solo necesito una hora para mi investigación, y no necesito que me mosqueen… Hay unos tacos carnitas en la esquina, de poca…

-No tenemos “feria” comandante…

-¿Y la charola es para el mesero?, lléguenle y de pasada nos traen algo… Ahí van cien…

El “comandante” Gorostieta es entregó uno de los billetes que previamente les había requisado a los policías. Mientras que estos, habían llegado a la conclusión de ser peces pequeños, en las fauces de uno mayor, aunado de que era por demás evidente el dinero obtenido Gorostieta, nunca sería integrado a la investigación.

 

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