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Al naturalista Richard Owen, le fue encomendada la museología para una exhibición de dinosaurios en tamaño natural, que sería presentada en la Exposición Universal de 1851.

Con la guía de Owen fueron elaborados en materiales de la época, presuntas reproducciones de dinosaurios, con posiblemente uno, que nunca existió… Y no es que el Iguanadón, nunca haya existido, sino que la versión presentada, no correspondía a lo que debía de ser un Iguanadón.

El iguanadón, NO es un rinoceronte.

Imaginemos una variedad de piezas que debe de ser armadas, a fin de terminar con una pieza. ¿Dónde ponemos este hueso que parece un cuerno?, donde “científicamente” debe de ser concluido, que “DEBE” de encontrarse –ja, ja, ja me encanta este razonamiento “científico”-. Si los rinocerontes y demás animales astados, todos tienen cuernos EN LA CABEZA, además de que esto, es confirmado en la fantasía con los unicornios. DEBE de concluirse que este hueso, DEBE de encontrarse en la cabeza de Iguanadón… Como verán, en ocasiones la Ciencia de olvida que debe de aplicar el método científico.

El cráneo del iguanadón, no muestra ninguna imperfección y promontorio que haga pensar que en la punta de su nariz DEBIA de encontrarse ubicado un cuerno, pero sin embargo fue puesto ahí… Después se concluyó el hueso misteriosamente sobrante, era una navaja que se ubicaba en las garras frontales del verdadero Iguanadón…

El colmo de la vergüenza paleontológica, fue el banquete con la comunidad científica dentro del imposible Rino-Iguanadón, convocado por Benjamín Waterhouse Hawkins, el naturalista-escultor que llevó a cabo los diseños de Owen…

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Otra muy buena reseña de la cena del Dragón:http://www.viajesconmitia.com/2010/11/18/la-cena-esta-servida/

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