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La perogrullada a que arribamos en el sentido de que el Steampunk, es fundamentalmente una FICCIÓN con APARIENCIA del Siglo XIX. Resulta ser el significado que no obstante ser de lo más obvio, es el menos tomado en cuenta.

El hecho de la falta de clarificación en la idea de que coexisten dos elementos que definen al Steampunk, y que en función de ello es que se establecen las características que definen al diseño Steampunk. Queda evidenciado con que de encontrarse precisado, no ameritaría que quienes por primera vez se introducen en el movimiento Steampunk, invariablemente lleguen a proferir la pregunta en que CÓMO DEBE VERSE EL STEAMPUNK. A demasiadas personas, les atormenta esta pregunta –y por “atormentar”, lo hacemos en carácter de mero eufemismo-, como previniendo que por su desconocimiento, se pudiera cometer una especie de crimen de lesa Steampunk.

La referencia que hacemos al Renacimiento, no consiste en pretender asumir que el Steampunk, se constituiría en algo parecido a un “Renacimiento del Siglo XXI”. No, nuestras intenciones al hacer referencia al Renacimiento, son muchos más simples, y consisten en realizar un primer acercamiento con respecto a aquella estilística resultante de una tarea de asimilación de otras diversas estilísticas pertenecientes a diversas épocas.

El resultado formal de una actividad de asimilación de estilísticas particulares, es otra estilística provista de características que la particularizan. El volumen de las telas, la proporción corporal, el movimiento ligero que se insinúa en las esculturas del Renacimiento, corresponden a la aplicación practica de la visón estilística del clasicismo romano y griego, pero con aplicación a una nueva realidad histórica. Lo mismo sucede con el estilismo intrínseco del diseño Steampunk.

EL ESTILISMO SACRO-HUMANO DEL SIGLO XIX

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En el estilismo del Siglo XIX, resulta ser característica la utilización de motivos florales, formas cuervas, que sus construcciones no obedecen a consideraciones de obsolescencia –no serán sustituidas por “versiones mejoradas”, como sucede en la actualidad-, que es virtud de la ausencia del criterio de sustitución por obsolescencia, que las manufacturas propias de la época, son robustas y pensando en una duración dilatadamente en el tiempo…

Otra característica y que resulta determinante a la estilística del Siglo XIX, es que el utilitarismo de la pieza que se encuentra asociada a una estética dirigida directamente al halago sensorial, siendo por ello, que no resulta ser extraña la utilización de materiales minerales y orgánicos. Así como que debemos detenernos para dejar acotado que la estilística del Siglo XIX, es tendiente a dar atención a los requerimientos inherentes a la sacralización de lo humano.

En la estilística del Siglo XIX, se presenta una gran tendencia al hedonismo. La sacralización de lo humano en su doble vertiente de ser él mismo creación, a la par de que también le corresponde el papel de creador, requiere del establecimiento de su ritualismo que le caracterice. La hora del Té, el Club, vestimenta, etc., son elementos que contribuyen a rendir honores a lo exclusivamente humano, en todas sus contradicciones.

EL DESIERTO SILICILÍCO, EL SIGLO XXI

Cuando realizamos un ejercicio comparativo entre la estilística del Siglo XIX, y la del Siglo XXI. Nos podría parece que la del Siglo XXI, es sosa y claramente artificial. “Cuando pensamos en términos de un mundo mecánico, nuestras conclusiones también se vuelven mecanicistas”.

Es propio de nuestra época, concebir las cosas desde una perspectiva absolutamente utilitaria. Las formas son tendientes a facilitar el confort en su uso, pero no tendiente al disfrute sensorial. El gran defecto de la ergonomía, es que tiende a la despersonalización del objeto mediante su estandarización, así como que la ergonomía cuenta con el gran auxilio de su gran amiga; la obsolescencia.

La base en la modificación de los hábitos de consumo desde mediados del Siglo XX, se estableció en términos de los avances meteóricos que presentaron tanto la electrónica, como las tecnologías de la información. Sobre estos dos elementos, es que se presentó una dinámica que ameritaba la constante sustitución de lo recientemente hecho, por su nueva versión, se presentaba pues; la obsolescencia.

Por lo que hace a los humanos que viven en este Siglo XXI, estos cuentan con la motivación para efectuar actos de consumo, consistente en el hecho complejo de poseer… Por acto complejo, nos referimos que ya no se trata simplemente del hecho de tener algo, sino que por complejidad, nos referimos a que se trata ya de un acto de supervivencia social, no la de poseer un adelanto tecnológico, sino que se DEBE de tener la ultima versión del mismo… Ahora el ser humano no es el fin último de todo, se ha transfigurado para hacerse consistir en poseer a la tecnología… ¡Se ha perdido la espiritualidad de lo humano, para sustituirlo por el iPod, el I…(lo que sea)! Nos encontramos viviendo en un Desierto de Silicio

¿Es posible realizar un ejercicio de equilibrio entre la tecnología del Siglo XXI, y lo sacro-humano del Siglo XIX?, ¿Cómo se llamaría este ejercicio de ser posible?: diseño Steampunk.

CONTINUARÁ

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